Querido Hijo:

Querido hijo:

Hoy tengo un problema importante: he sentido una soledad insondable. Días en que se revive el dolor del adiós. No bastan los correos sin respuesta, un anuncio en el muro de facebook o esperar una llamada tardía. Quizás el peor de los exilios es la sensación de abandono  de  aquel  ser querido que alguna vez te amara infinitamente. Aquel ser que te dejo atrás, y pasaste a ser un recuerdo en su memoria. Una fotografía en mesa de salón, donde se ubica la leyenda de los momentos felices. ¿Por qué esta mala costumbre de nunca fotografiar los momentos de ruptura y crisis?
Tus padres y tus hermanos somos una leyenda para tus hijos y tus nietos. Tu equipaje fue la memoria, y a ella, le tiraste una piedra para no sufrir. Nuestro amor es como un musculo atrofiado por  la falta de ejercicio. Escribo un lenguaje que ya no entiendes y unas palabras que no deseas recibir. Tal como lo planteo maravillosamente Julio Cortazar en Cartas a mi madre.

Y ahora un presente de silencio.

Persigo el presente en el silencio marcando un tiempo que no es tuyo, ni es mío. Varada hoy en una tierra que no es tuya, ni es mía. La arena fértil de nuestro pasado. Percibo un dolor, que encierra mis lágrimas de hierro. Las risas y los sueños se revuelcan con el miedo. Habito un espacio donde todos estamos enterrados vivos con el silencio. Y como la nada, las imágenes van y vienen. Nadie me acompaña mejor que nadie al escuchar el canto del gallo. Nadie comprende mejor que nadie las ilusiones de mi nueva vida. El placer por el canto del cristo fue y el inesperado sonido del teléfono.

Un huracán que arrecia en el arraigo. Un duende que me permite ver que tú ya eres un extranjero. Un trasterrado en un mundo ajeno a mi cotidianidad. Que estas atrapado por un duende que sembró en tu alma el desarraigo. Y ahora confundido en el silencio  no te atreves a reconocerte entre tu foto y la foto familiar de tu antiguo hogar. Percibo con incertidumbre  tu deseo de no volver a un país que no existe. Quizás quieras saber por qué mis pasos  y mis voces solo son un silencio.

Dame tu verdad. Dame tu esperanza. Dame tu ternura. No borres de la arena de tu vida la oquedad de mis pasos. Intenta en tu silencio amar a la sombra. Todos los días amanezco para dedicarme a tareas inocentes e inocuas. Veo pasar a diario la sombra de los pájaros, escucho voces indescifrables y veo caer una hoja sobre el asfalto. Vivo con una voluntad  de extravío en una penumbra, o en una luz que apenas percibo. Y tejo rosas imposibles.

Soy una trasterrada en mi errancia. Quiero recobrar las fuerzas. No quiero vivir `para el instante. Aspiro a la plenitud. Soy los ojos conscientes de una víctima inocente. No quiero ver exiliar el futuro. Quiero olvidar el olvido.

Te quiere

Luisa Helena


Tercer texto: 1º de abril 2016


Luisa Helena Calcaño Gil. 25 de Noviembre de 2014
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Autor entrada: sumandoven.admin