La Ciudad de la Memoria (2da parte)

En forma acelerada se construían  nuevas vías, edificios y urbanizaciones. Se edificaba una ciudad para el automóvil. La cámara de don Pancho iba captando las imágenes de las edificaciones y el paisaje urbano antes de su destrucción.

 
En las décadas de los cincuenta y sesenta la ciudad de Caracas fue asediada por migraciones masivas de nuevos residentes desde todo el país. La mayoría se ubicó en viviendas muy precarias en las quebradas y montañas. Una urbanización sin  planificación ni servicios. Una buena parte de la población solo tenía el derecho a construir su vivienda donde y como podía. La  estructura urbana de la ciudad se transformó en forma drástica.

 
A partir de 1961 apareció el Parque del Este como rutina dominical. Un parque metropolitano concebido  por el arquitecto paisajista brasileño Burle Marx. Por varios años fue el lugar predilecto para el lente de don Pancho. Las vacaciones y algunos  fines de semana transcurrían en un club social en Naiguatá. La cámara viajaba con frecuencia a otros países captando otras ciudades. Don Pancho participaba con éxito en concursos internacionales de fotografía.


Las monjitas del Colegio San José de Tarbes me llevaron a conocer las viviendas  construidas debajo del puente de Chapellín. Descubrí las diferencias significativas entre los modos de vida de los habitantes de Caracas. Decidí ser sociólogo. Durante cinco años comandé la visita semanal de un grupo de universitarios al barrio San Andrés de El Valle. Ahora aspiraba a ser sociólogo político, promover la participación popular en las decisiones urbanas. Única salida para el funcionamiento del régimen democrático.


Por un período de dos años fui implantada en la ciudad de Madrid. Una urbe planificada con holgadas avenidas, bellas fuentes, amplias aceras, un eficiente transporte público superficial y subterráneo y viejos edificios muy conservados. El paseo dominical era ir al Museo de El Prado o al Parque El Retiro. Una sociedad organizada. Caminaba con mi hijo de parque en parque. En las tardes sentada en un café reflexionaba sobre el sentido de mi vida.


Una ciudad sublimemente bella donde nunca pude entender el modo de ser de sus residentes. Resentía el clima y la luz de la ciudad filial. Faltaba algo. No percibía el aire suave, las frases vagas y un tenue suspiro. No era  dueña de los sueños. Añoraba un lugar donde no temiera al fuego que todo los arrasa. Ahí, donde descubrimos que la vida es un incendio.

 
Retorné a Caracas. Aprovechamos los beneficios de la novedosa Ley de la Propiedad Horizontal para comprarnos el PH B del edificio Elena Park de El Marqués. Un espacio de la ciudad donde estoy enraizada desde hace más de treinta años. Arropada por el Ávila y el susurro de los vientos de entrada a Caracas.
 

A principios de la década del setenta estudié un posgrado de urbanismo. La ciudad se transformó en una meta de estudio e investigación. Durante diecisiete años estuve anclada en la oficina de planificación de Caracas localizada en la emblemática Torre Capriles de la Plaza Venezuela. Un espacio simbólico de la nueva ciudad. Una de las primeras metas como Quijote Planificador fue apoyar a los vecinos de La Pastora y trazar la poligonal del área de conservación de 1975.  Esta decisión garantizaría que  el Nº 94 de Amadores no se derribara.
 

La Quinta Rosel tiene más de cincuenta años de construida. El asfaltado de las calles de la urbanización está muy deteriorado. El parque infantil está cerrado desde hace muchos años. El lente de don Pancho se apagó en 1981. La Quinta Rosel no tiene rosas en su frente. La fachada está rodeada de un sólido muro de protección y seguridad para los vehículos.


Vivo en  la casa de la memoria de los últimos treinta años. Ese lugar del mundo donde se sucede el olor a café, el cotidiano buenos días y se escucha la noticia inesperada. Un lugar donde el aire se hace liviano y algunos días se admite el zumbido tormentoso de la conciencia irrumpido por el desgarrador dolor de Maria Callas. Puedo sentir que todo se hunde en la sombra para lograr  la codiciada llama del ocaso. Se admite  sin reproche  la desmesura, la palabra, la risa y  el llanto sin sentido. Una tregua a la honda desventura. Un lugar del mundo donde están atrapados los indelebles momentos del amor y desamor en el sedoso telón de la vida. Un espacio donde se deshace el sueño como el agua en el agua.

 
Caracas es la ciudad de mi memoria plena de los hitos de la percepción. Atada a la sensibilidad de don Pancho aprendí a percibir el mundo por donde transito. Un legado plasmado en más de dos mil fotografías en blanco y negro. Espacios urbanos y personajes de la ciudad por donde trasegó entre 1940 y 1980. Así, como escenas familiares y detalles de las casas donde habitó.

 
Desde mi hogar contemplo una ciudad terriblemente fragmentada. Al este los barrios de Petare, la ciudad de la autoconstrucción. Las precarias viviendas se transformaron en edificaciones de tres y cuatro piso con una escasa dotación de agua y una deficiente canalización de las aguas negras. La ciudad de los jeeps dominada por la inseguridad y la ausencia del Estado. Al oeste se observa la ciudad planificada de los grandes centros comerciales metropolitanos y extensas residencias de las clases medias con una infraestructura vial insuficiente y un transporte público desorganizado. Disfruto de una amplia terraza donde siembro rosas y bromelias.

 La vida cotidiana se sucede atrapada en comunidades itinerantes de rostros sin nombre en las rutas del transporte público superficial y subterráneo. Una ciudad con una agudísima crisis, que alcanza cimas insólitas ante hechos inesperados, o ante unas horas de un torrencial aguacero.

 
Caracas tiene un profundo sentido simbólico en mi existencia. Un espacio en el mundo donde me siento dueña de mis sueños y alcanzo a percibir la fragancia de la melancolía.


Luisa Helena Calcaño Gil
Sus Coordenadas:
Facebook: Luisa Helena Calcaño Gil

Sumate-Conectate
Correo
Instagram
Pinterest
Pinterest
Facebook
Facebook
Google +
Google +
http://www.sumandoven.com.ve/2016/08/18/la-ciudad-de-la-memoria-2da-parte/

Autor entrada: sumandoven.admin

2 thoughts on “La Ciudad de la Memoria (2da parte)

    Jorge Pérez

    (19 agosto, 2016 -2:10 pm)

    Que interesante uno se entera de cosas de mi Caracas que cuando uno era muchacho paseaba y no sabia lo bello que era antes

    Oswaldo Delgado Marín

    (18 agosto, 2016 -12:29 pm)

    Muy gratos estos recuerdos y vivencias que nos transmite Luisa Helena.Que sigamos disfrutándolos.

Los comentarios están cerrados.