La soledad de ser en su verdad

        La maldición de tener que morir debe  

 ser  transformada en bendición: que uno

     pueda morir cuando vivir es insoportable.

(Elías Canetti, La Provincia del Hombre,

Carnet de Notas 1942 – 1972,Tauros,1982)

I


Las líneas de este ensayo se fueron construyendo a lo largo  de unos tres meses, durante los cuales el autor se convirtió en una pensadora arendtiana, transportada a los días en que la filósofa alemana Hannah Arendt  se vio enfrentada al dilema de ser fiel a una identidad colectiva representada por el mundo judío, a la cual pertenecían ella y sus amigos; o por el contrario, ser fiel  a su identidad intelectual, consagrada a encontrar la verdad al precio que fuera.

Las primeras líneas surgieron de la observación de la película:  Hannah  Arendt  de la realizadora alemana  Margarethe Von Trota, la cual atrapa al personaje desde las primeras escenas de la cinta, que transcurre con un tempo suave, pero de sostenido vigor. Notas  escritas bajo las emociones transmitidas por la imagen de una mujer madura relativamente hermosa,- seducida por su cigarro. Arendt tras las reflexiones de una noche de insomnio decide observar  en forma presencial el proceso judicial del oficial nazi de la SS  Adolf Eichmann. y escribir artículos sobre el proceso para el periódico New Yorker. El juicio fue celebrado en Jerusalén en 1961.

 
Arendt asume esta decisión  guiada por sus inquietudes intelectuales, lo cual implicará volver en su memoria a los tiempos oscuros de su vida. En la noche de la despedida con sus íntimos amigos comenta en forma irónica entre risas: - ¡Nunca he conocido a un nazi!  Salí de Alemania en 1933,  por poco tiempo  estuve en los campos de concentración de Francia. Partí para los Estados Unidos en 1942. Durante muchos años viví en este país como un apatrida, con una  visa sin pasaporte ni ciudadanía.

Esa noche  le manifiesta a sus amigos que no estaba de acuerdo con el juicio-espectáculo organizado por el Estado de Israel. Comparte el sentimiento del pueblo hebreo de la necesidad de justicia hacia unos crímenes, que superaron con creces los tradicionales y abominables crímenes de guerra. Nunca se identificó con el sionismo militante. Uno de los momentos clave de la película se sucede al final de la misma cuando ella a su regreso a New York dicta una clase magistral en la universidad en torno al proceso y sus planteamientos filosóficos en torno a la banalidad del mal derivado de la observación de la personalidad del delincuente en el juicio.


Una vez  seducida por la personalidad de Arendt, dejo a un lado la película para quedar atrapada por la lectura estudiosa del libro Eichmann en Jerusalén,  centrado en las actas del proceso y escrito en el verano de 1962.


Los artículos para el periódico New Yorker y el libro sobre el proceso de Eichmann fueron esperados con gran interés por la opinión pública, que reaccionó muy desfavorablemente frente a las ideas de Arendt en torno a la banalidad del mal  Una controversia que se ha mantenido por más de cincuenta años.

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Luisa Helena Calcaño Gil  Ensayo 2014 
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