La Tragedia de los Deberías

No hay algo que genere más distanciamiento entre los seres humanos que la exigencia determinante de los deberías; por la simple razón de que permanentemente se coloca a una de las partes en déficit y la otra se ubica en una posición ficticia de superioridad.

En el mundo relacional intervienen diversos factores que pueden obstaculizar la fluidez de la misma, las expectativas y la imposición a lo que el otro debe pensar, decir o actuar equivale a una atadura de la que cualquier persona acusa asfixia y deseos de rebelarse. Es como estar al frente de un director de orquesta con poder omnipotente en la búsqueda de la nota perfecta, o del profesor con conocimiento total de lo conveniente o inconveniente para sus estudiantes; lo vemos en nuestro día a día y en todo tipo de relaciones.

Usualmente la persona que ejerce la presión por manejar la vida de los otros a través de lo que deberían hacer, decidir o pensar, se percibe como poseedora de argumentos suficientemente  necesarios para garantizar un desempeño que los hace sentir bien con ellos mismos pero ignora de forma agresiva el sentir de las personas involucradas. Es el yo supremo en el que confluyen todas las variables que deben ser acatadas. Así de contundente es el impacto cuando se imponen puntos de vistas  y supuestas verdades o razones para tratar de influir.

En ocasiones se establece un juego nocivo entre las partes al permitir que otro vulnere su integridad sobre  la forma a accionar. En alguna medida mientras se pliega a indicaciones externas tiene el aval para no asumir responsabilidades, que es el primer elemento al cual se le da vida, para posteriormente ir determinando el conflicto que genera el sentir que se ha cedido el mando de la propia vida.

Usted se preguntará: ¿ pero alguien debe dictar las pautas de lo que se debe hacer? o ¡es que yo poseo la experiencia y se lo que puede desencadenar si no decide optar por lo que indico! o ¡simplemente debe obedecer!, todas razones válidas, pero dependiendo del tipo de relación, no es el planteamiento en si lo que ocasiona fricciones; sino las formas absolutistas utilizadas que anulan la esencia del otro, el continuo debilitamiento mental a su capacidad de actuar y asumir la responsabilidad de sus propios aciertos y desaciertos, de sus ensayos y errores. A esto le sumaremos que en algunos seres humanos, existe un profundo vacío pidiendo a gritos ser llenado y que inconscientemente el aditivo empleado para paliar ese vacío en este caso es absorber la voluntad de la otra persona.

Identificar nuestros propios miedos, debilidades y carencias es un punto de partida hacia el respeto de la individualidad del otro, el reconocimiento implícito a una condición de iguales respetando roles y jerarquías según el caso. Revisar en que situación se encuentra la relación consigo mismo y que indicativos revela. Muchas veces el afán de proteger a un ser querido, un negocio o el no incurrir en riesgos estimados innecesarios nos coloca en posiciones de intransigencia que es resentido por el entorno.

Antes de pretender frecuentemente indicarle a otra persona cómo debe actuar o pensar, es importante tomarse el tiempo necesario para explorar las razones en que se sustenta este comportamiento, porque convierte la convivencia en una verdadera opresión, donde los miembros de la relación terminan alejándose, buscando espacios que les permita respirar la individualidad a la que tienen derecho.


Su Amiga
Ana Cristina Garcia
De lujoooo…
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Autor entrada: sumandoven.admin