La soledad de ser en su verdad (Parte final)

IV

El pensamiento filosófico de Arendt se apoya en las ideas de Martín Heidegger, su amado profesor, donde sin verdad no hay realidad y sin realidad no somos. Un concepto clave de este pensamiento filosófico es la fidelidad, que implica ser fiel a lo que uno piensa, fiel a lo que uno cree y fiel a lo que uno ama. Arendt  fue fiel en los tres sentidos.

 

Eichmann en cambio, no podía ser, porque no podía pensar y no pensar es no estar consigo mismo en ese yo al frente mesocrático que lleva a juzgar  y luego a actuar. (Fernando Mires).

 

Arendt sufrió profundamente por la perdida de sus amigos, los cuales eran más fieles a la razón del Estado de Israel, que a la razón de uno mismo. Von Trotta plantea en la película un aspecto de la vida de Arendt donde escoge la soledad de ser en su verdad frente a la compañía de no –ser- en sí.


Para Arendt el absoluto extremo del mal no viene de un pensamiento malvado sino de la incapacidad de pensar. Y pensar es diferenciar entre lo bello y lo feo, entre lo justo y lo injusto, entre lo bueno y lo malo.  La banalidad de negarse a pensar  es negarse a ser, y negarse a ser es negar la verdad de ser. Y la absoluta negación de la verdad del ser es la muerte. Eichmann llevaba la muerte en su propia alma. Estaba muerto antes de ser ahorcado.


La maldad radical y extrema no es la de individuos anormales o monstruos sino esta anidada  como posibilidad en la propia condición humana, en aquel momento que se desee olvidar la condición de pensar para ser.

 

V

 

Uno de los aspectos controversiales de los artículos  publicados por Arendt  fueron las referencias al papel equivoco jugado en el genocidio por los consejeros judíos, y muy especialmente con Eichmann en los procesos migratorios. La administración judía realizaba las listas de los judíos deportados dando detalles de nombre y apellido, sexo, profesión y país de origen. Otra crítica fue la elaboración  de  listas de judíos prominentes y la  no deportación a aquellos judíos que tenían relación con el exterior. Casos especiales solicitaban tratamiento preferencial.  Los judíos que se escondían eran cazados por una fuerza especial de la policía judía. Estos hechos iniciaron el proceso de declinación de la respetabilidad de de la sociedad judía.  Arendt afirma que las autoridades no se dieron cuenta del grado de complicidad con el régimen al aceptar la muerte de aquellos que no eran casos especiales. Se presentaron situaciones en que los magnates industriales fijaban el precio de los judíos que que iban  a ser rescatados. Inicialmente fueron corruptelas, para luego convertirse en políticas de Estado, como lo fue la negociación de un millón de judíos por diez mil  camiones de mercancía.


Estas acciones se tradujeron en un reconocimiento de la legalidad  de los actos del régimen contra la raza judía. Todos estos hechos están narrados en detalle en las actas del proceso.


La sórdida realidad fue que el pueblo judío caminó pasivamente hacia su tumba. Arendt  se pregunta: ¿Esto fue una consecuencia del  fracaso frente al enemigo?


El régimen generó un lenguaje y unos procedimientos cónsonos con sus acciones. El pecado no era matar, sino producir dolor. Un dolor innecesario, para ello estaban las funciones caritativas del Estado. Un aspecto difícil de comprender es que todos los actos de matar estuvieron a cargo de judíos.

 

VI


Arendt llegó a Jerusalén con la duda de que el proceso  fuera un show destinado a sustituir la verdad de los hechos por la verdad de las opiniones de acuerdo a las decisiones de un gobierno, el cual  pretendía exhibir los sufrimientos del pueblo judío. Uno de los objetivos políticos era sentar en el banquillo del acusado al antisemitismo. En ese banquillo, solo se encontró un hombre de carne y hueso; que nunca perdió la serenidad, y que solo manifestó no tener buena memoria. Y la única tarea del tribunal era dictar una sentencia de acuerdo a una Ley  que permitía. la condena a muerte.

El interés por la justicia no fue el móvil del juicio. La celebración de un juicio justo y legal quedó a un lado. La acusación y la decisión se basaron en delitos contra el pueblo judío. El Estado de Israel fue establecido como el Estado de los judíos, y por ello, tenía jurisdicción sobre cualquier delito cometido contra los judíos. Para entender este proceso hay que aceptar que el juicio estuvo centrado en la condena a un individuo, y no  la historia representada por ese individuo.


Para Arendt  el fracaso del Tribunal de Jerusalén se debió al no abordar tres hechos fundamentales: en primer lugar, el problema de la parcialidad propia de un tribunal formado por vencedores; en segundo lugar, el de una justa definición de delito contra la humanidad. Y en tercer lugar, el de establecer claramente el perfil del delincuente y el tipo de delito. El tribunal no admitió testigos del acusado, y la acusación no mostró interés en solicitarlos.


Formalmente Eichmann no fue juzgado por un delito de lesa humanidad, ya que para ello se ameritaba un tribunal internacional. La monstruosidad de los hechos quedó minimizado ante un tribunal que solo representaba a un Estado Por razones de orden político se decidió no correr riesgo de acudir a una instancia de esta naturaleza. En este sentido se debe destacar que el  Tribunal Permanente de Las Naciones Unidas en lo Penal había rechazado en dos oportunidades la propuesta de un tribunal permanente para juzgar este tipo de de delito. A lo largo del proceso y en la sentencia no se mencionó que era un delito que ponía en peligro y lesionaba gravemente el orden internacional y el género humano. Los crímenes juzgados fueron un plan encaminado a eliminar por entero a una parte de la población nativa judía.


El juicio de Jerusalén le permitió a Arends  conocer a uno de los miles de nazis que hicieron posible la Solución Final del Problema Judío. Un rostro vacio de todo sentimiento de culpa, orgulloso de su destreza para ejecutar las órdenes impartidas por el régimen para el cual trabaja con el objeto de ascender en su carrera burocrática. Su único y fundamental interés.

Arendt plantea en sus textos: Eichmann era culpable, su castigo era necesario….Creí y sigo creyendo que el proceso debía celebrarse con la finalidad de administrar justicia y nada más…

 

Para finalizar considero procedente reflexionar en torno a la nota escrita por Elías Canetti  en su diario en el año 1945, recién finalizada la II Guerra Mundial:

 

Con culpa empezó la guerra. Con culpa ha terminado. Sólo que ahora la culpa es mil veces más grande.

 

Si quieren leer las entregas anteriores 

La soledad de ser en su verdad

La soledad de ser en su verdad I y II

 

 

Luisa Helena Calcaño Gil
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