Cuento: La obsesión (2da parte)

Todos los sabíamos. Pero, aquel mal hombre en forma fría y cruel se aprovecho el desequilibrio de su desajustada esposa para dañar su imagen frente a su familia: -Yo sabía que esa muchacha le iba traer problemas. Se llama Sol Ortiz, yo lo obligue a despedirla en enero del 2005. Él le tomo afecto, por ser una muchacha  huérfana, que se levantó muy sola. El Sr. Luís no quería botarla. Yo le dije que si no lo hacía, él se iría también.

Todas estas frases añadieron más dolor y reafirmaron los sentimientos de abandono. Había muerto por culpa de Sol Ortiz. No tenía dinero, no le alcanzaba el sueldo y estaba lleno de deudas por culpa de ella.  En ese diciembre de 2004 cumplieron veinte años de casados, no quiso celebrarlo con los amigos y ella se enfermo de tristeza y reconcomio. Todo encajaba había aparecido: Sol Ortiz.

Pasaron los días y los meses. Las horas se sucedían en la búsqueda de una explicación a  una terrible incógnita: ¿Quién era Sol Ortiz? Tenía las agendas desde hace treinta años, un material valioso para descubrir la verdad de ¿Quién era realmente Luís?  Pudo descubrir el mes y el año en que entro como recepcionista a su oficina donde estuvo solo unos meses. En la agenda del 2005 anoto la fecha de su cumpleaños: 10 abril.  También se percató que Luís tenia una obsesión por el color amarillo, ya que le recordaba a Sol. Un día decidió complacerlo y no ser egoísta: las flores de la mesa al lado de su fotografía debían ser amarillas y preferiblemente girasoles. ¡Ya no importaba que pensara en Sol! Igualmente, la había abandonado.

Revisando los correos electrónicos determinó la fecha en que las fotografías fueron enviadas por ella, y encontró copias de conversaciones por internet. En su teléfono celular pudo establecer el contenido de los mensajes de los últimos días, y a quien y a donde había llamado en el último mes. Nunca se había comunicado con Sol Ortiz. Nada parecía demostrar en forma convincente la infidelidad.  Por la fechas de las fotografías en el computador pudo ir organizando la historia. Las primeras fotos en su escritorio como recepcionista, imágenes de una fiesta de oficina en una tasca de Boleita, fotografías y más fotografías de la misma muchacha paseando de vacaciones con sus amigos. Pudo establecer que la fotografía de la cartera fue tomada por él en un centro comercial el 10 de octubre de 2005, pocos días antes de que cumpliera sesenta años. La prueba fehaciente, de su infidelidad.

Algo no encajaba en la historia. Luís en ese diciembre de 2004 incorporó en una montaje la imagen de ella a una fotografía navideña de sus sobrinas y su hija. ¿Por que hizo eso? En esos días pensaba: ¿Será su hija? ¿Lo habrá matado el dolor de haberla abandonado en la niñez?  Tenía vientres años y había nacido antes de casarse con ella y  esto lo hacia menos infiel. Tenía una gran necesidad de descubrir que sentía Luís ¿Por qué la había abandonado? ¿Por qué se había atrevido a poner su fotografía en su cartera?


En el escritorio de su oficina encontró un disco de  Bebo Valdes y Diego Cigala: Lágrimas Negras. Escuchado esa música pudo descubrir el dolor desgarrador de su despecho,  Sol Ortiz lo habría despreciado y además le había enviado un retrato en traje de baño con el novio.

Luís era un hombre de detalles. Había guardado en su escritorio los tickets de compra en el automercado, y en forma misteriosa aparecían el nombre y cedula: Sol Ortiz.  La agitación de su espíritu era total. Su hermana recordó que a esa muchacha la recomendó para un trabajo en el Banco Mercantil. Las evidencias demostraban, le compraba la comida en el automercado frente a su hogar y normalmente antes de llegar a su casa, y  probablemente Sol Ortiz vivía muy cerca en la misma urbanización. Todo era insólito dadas las limitaciones económicas familiares y sus rutinas diarias. Siempre llegaba  a la misma hora con el mercado de todos los días, y nunca había tenido una modificación de conductas los sábados y domingos

A uno de sus hijos del primer matrimonio, le parecía algo sui generis la situación. Trataba de hacerle ver la realidad de forma distinta. Para su hijo, él tenía derecho a tener una ilusión. Y le hizo comprender que no era su hija.  Para él esta sorpresa que nos daba Luís, era algo muy divertido.

El desequilibrio psíquico de Luz María por las obsesiones era total. El terapeuta lacaniano estaba preocupado, no quería medicarla. Aumentaron las horas de terapia a fin de profundizar en los detalles de las obsesiones. Las horas de análisis los  llevó a la conclusión: el problema fundamental era el sentimiento de culpa de Luz María.

Pasaron los meses y la vida familiar tomo sus rutinas. Luz María rompió los recibos del automercado, guardo en una gaveta las agendas, no se atrevió a botarlas. Todas las semanas compraba un ramo de tres girasoles para colocarlo en la mesa al lado de la fotografía de Luís. Regaló toda su ropa, menos la franela amarilla preferida. El teléfono celular de Luís lo dejo en la mesa al lado de la fotografía. Ella tenia dudas con relación al diagnostico del terapeuta.

Pasaron los meses, y ella esperaba una llamada comprometedora al teléfono celular, un mensaje de texto, algo, que explicara ¿Por qué la había abandonado? Todo había sido tan misterioso. ¿Quién lo recordaba?

Un día sonó el teléfono indicando la llegada de un mensaje de texto. Habían pasado cuatro meses, dos días y seis horas. Era ella, Sol Ortiz:

-Señor Luís, ¿Qué le sucede? Tengo tiempo que no se nada de Usted. ¿Podría cambiarme unos tickets de alimentación? ¿Por qué no ha contestado mis correos?

El terapeuta lacaniano tenía razón. El despecho de Luís había descubierto que Luz María tenía un amante. Ella decidió escuchar de nuevo la voz desgarrada de Cigala:

 

Que te importa que te ame, si tú no me quieres ya, el amor que ya ha pasado no se puede recordar. Fui la ilusión de tu vida…  hoy represento el pasado y no me puedo conformar. Si las cosas que uno quiere se pudieran alcanzar…si me quisieras lo mismo que veinte años atrás ¡Con que tristeza vemos un amor que se nos va, es un pedazo del alma que se arranca sin piedad!

 
Yo no puedo comprender como se puede amar a dos mujeres a las vez…y no estar loco…


Lee aquí la 1era parte


Luisa Helena Calcaño Gil
Sus Coordenadas:
Facebook: Luisa Helena Calcaño Gil

Sumate-Conectate
Escríbenos y registrate
Instagram
Pinterest
Facebook
Facebook
Google +
Google +
http://www.sumandoven.com.ve/2017/03/21/cuento-la-obsesion-2da-parte/

Autor entrada: sumandoven.admin