La generosidad II: La avaricia

El arquetipo del avaro es una de las muestras más convincentes de la universalidad de estos símbolos  colectivos. ¿Se acuerdan de “Scrooge” esa película que veíamos en la época de navidad y cuyo personaje principal estaba representado por un hombre siempre viejo y pálido, de ojos pequeños y cuerpo huesudo con cara de enfermo, taciturno y amargado, cuyo único fin en la vida era atesorar dinero y que por supuesto, era un solitario?

La Dra Testa experta en teorías del comportamiento a quien citamos en nuestra entrega anterior, nos dice que en el “avaro” la vejez representa la incapacidad de disfrutar propia de la juventud. La palidez proviene del tiempo excesivo en la sombra sacando cuentas y pensando en el dinero. Los ojos pequeños simbolizan la pequeñez con que mira al mundo y es que su estrecha visión de la vida cree sin duda alguna que todos los demás humanos están en la tierra para aprovecharse de él. La soledad muestra cómo su avaricia está proyectada en su incapacidad de ser generoso con sus sentimientos.

“El mandamiento que desde su inconsciente lo hipnotiza es: no disfrutarás del placer que representa el confiar en alguien por completo o el lujo relacionado con la calidad de vida

¿Quién puede disfrutar de una buena comida si está contabilizando el precio de cada plato?

¿Quién puede entregarse en los brazos de una pareja si cree que en el futuro lo que ella quiere es “aprovecharse y abusar”?

Vamos a alejarnos del tema del dinero en sí, para esbozar las diferentes formas que puede tener nuestra falta de generosidad en otros campos. Al fin y al cabo todos, hasta el mas pobre de nosotros, es incapaz de no tener un poco de compasión por aquella persona que, teniéndolo todo, no es capaz de disfrutarlo.

La Dra. Testa sostiene que también es falta de generosidad:

  • Dar dinero en lugar de afecto
  • Dar sexo cuando se pide cariño o comprensión
  • Ser incapaz de ponerse en el lugar de los demás
  • No compartir conocimientos, tiempo, amistad, casa, mesa…


Nuestra relación de pareja es un test excelente para medir nuestros avances en la generosidad. Cuando logramos que sus intereses, objetivos e inquietudes sean tan valiosos e importantes como los nuestros, nos estamos abriendo a fomentar la lealtad y el darse al otro como a uno mismo.

No hace falta subrayar que el defecto de la avaricia es incompatible con cualquier camino de elevación. Si queremos emprender este camino debemos comenzar con observarnos sin juicio y aceptar que somos responsables de nuestros pensamientos, palabras y acciones pero no culpables. La responsabilidad permite el reconocer que podemos elegir nuevas opciones que sustituyan aquellas que hemos descubierto que ya no nos convienen, que nos perjudican o que nos alejan de nuestro disfrute y paz interior. La culpa por el contrario, nos paraliza y nos hace sentir inadecuados, impidiendo el desarrollo del respecto por nosotros mismos como inicio de la compresión y el respeto hacia los demás


Hernán Iturbe Decán
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