Crónica: Un trato es un trato

Estaba muy triste porque aquel 1° de febrero del año 2007, hacían dos meses que mi compañero de vida decidió irse a otro plano, sin ni siquiera decirme adiós. Llevaba dos meses prácticamente encerrada en la casa, tratando de entender ¿Que paso? ¿Cómo y por qué sucedió? Me había visto obligada realizar gestiones indispensables para organizar los ingresos familiares. Ya no estaba el que todo lo decidía, me hacía falta hasta su mal humor. Quería escuchar sus protestas porque le echaron a perder el pimentero, la pérdida inexplicable del queso que le regalo Dona en navidad, el reclamo cotidiano por qué  moje el baño, o le gaste el agua caliente o su último reclamo unos días antes de morir por nunca me había aprendido de memoria su número de cédula de identidad.

En la noche al sentarme en la televisión lo veo con su cambio de canales en la mano disponiendo la programación de la familia, sirviéndose su trago de ron y meneándolo con el dedo, y yo como siempre diciéndole  -no tomes tanto, que te va hacer daño. Ahora pienso. Menos mal que se tomo todo el ron que quiso. Quisiera oírlo tirando cosas en la cocina, el sábado antes de preparar el desayuno para llamarme la atención. Añoro sus desayunos o esa rica pasta de todas las noches.  Hay momentos que lo veo preparando una licitación con la laptop y la vez viendo televisión, advirtiéndome –no molesten que estoy trabajando, no me interrumpas estoy muy ocupado, esto es urgente para el lunes. Y al final dándome orgulloso el monto de nueva licitación, soñando con esa comisión ofrecida de palabra por el dueño de empresa, que quizás nunca le pagarían.

También  entrañaba sus  buenas noches al acotarse puntualmente a las 8,30 pm, cansado de trabajar, diciéndome -Me voy a acostar, mañana tengo un día duro, puedes ver tu novela. También ansió  oír sonar en forma continua el despertador del radio desde las 5 am...sucesivamente a las 5,15, a las 5,30, 5,45 y las 6 am. Para levantarse en forma marcial como todo buen alumno de los jesuitas. Desde que fue he perdido hasta el gusto por el café de la mañana,  todavía tengo el kilo de café y el azúcar comprada por él.

El tiempo se me había ido registrado y hurgado todos los rincones de la casa donde hay sus cosas intocables; las he manipulado, manoseado y reordenado, es como tenerlo a él. Oigo en forma continua el disco de Las Cuerdas Mágicas con sus melodías de guitarra favoritas, especialmente el Romance Anónimo, la Leyenda del Beso, el Capricho Árabe, el Concierto de Aranjuez o la Danza de la Vida Breve. Un sonido que me transporta a esos cincos años mágicos antes de casarnos con su acostumbrada visita y su guitarra ensayando la misma melodía del Romance Anónimo. Hay momentos en que sentido una necesidad profunda de escuchar música de despecho como las Lágrimas Negras de Bebo  Valdez y Diego Cigala, especialmente Veinte años. Le encantaba la música de despecho.  

Quiero retener las imágenes, el sonido, sus gustos y hasta su olor todavía retenido en su ropa. También he visto y revisto todas las fotografías desorganizadas en las gavetas por los álbumes que nunca compramos, y también hurgando en el computador, en su correo electrónico y el teléfono celular. Y lo más insólito para cobrar sus prestaciones sociales algún día, he debido hurgar en sus secretos más recónditos de sus cuentas bancarias desde el año 2000 presentándome ante un funcionario en ese inesperado y desagradable papel de la viuda del Ingeniero  Rafael Henriques. Ya que a pesar de ir por la vida con su rectificación de partida de nacimiento lograda por Eduardo Machado desde el año 1968, nunca pudo lograr una cédula de identidad con el apellido de su padre Henríquez.

Había tenido que presentarme ante Fogade a solicitar el documento de cancelación de la hipoteca del apartamento, y unos días después  hacer desde las cuatro de la mañana la cola del seguro social para cobrar la pensión de sobreviviente. Trabajo treinta y nueve años en forma continua y le faltaban todavía cuarenta y seis cuotas. Siempre trabajo para oficinas que evadió el pago del seguro social.

Busque sin encontrar la razón de su inesperada partida. Después de veintiocho años de nuestras vidas enlazadas, se fue sin dar una explicación. Tenía rabia, tristeza entrelazado con una gran alegría por todo lo que vivimos juntos.

Esta crónica la escribí a los dos meses de su muerte, y se la envié a varios amigos comunes. Y uno de ellos me consoló con este chiste:

                 Luisa, yo creo  que el pensará así en ese otro plano para donde se fue, o por lo menos si pudiera  lo guardaría en su disco donde archivaba sus chistes preferidos .Él tenía un magnifico humor negro.

 

Asunto: UN TRATO...ES UN TRATO.UN TRATO ES UN TRATO

Después de medio siglo de armonía total en el  matrimonio, él muere y, poco tiempo después ella también va para el cielo.

 En el cielo ella encuentra al marido y corre hasta donde él se encuentra y  le dice: ¡"Queriiiiiidoooooo!¡Que bueno encontrarte!!..."

Y él responde:"¡No ching…!  El trato fue nada más:

"¡HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE!"...

¡ Já, já, já, já….!!!!!

 


Luisa Helena Calcaño Gil
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