Percibir el hecho de la muerte 2da parte

Hasta ahora se ha explicado en forma objetiva este proceso agónico, pero ¿cómo se manifiesta este camino internamente en el paciente? Todavía esta presente en mi recuerdo la imagen de angustia  cuando unos siete días antes de morir, le impusimos rito cristiano de la extremausiòn. Mi hermano y mis sobrinos estimaban, que moría esa noche. Ella  fue un ser profundamente apegado a la vida, a su amor por las cosas materiales de su hogar, a sus hijos y nietos. Esa noche  pudo ver caras de la familia, que tenia muchos años sin ver.

Desde hace varios días sabía que había llegado el final.  Ella sabía que estábamos realizando todo lo necesario para negar esa realidad. Siempre tenía  fe, en que yo vencería la enfermedad. Esa noche estuvo muy ansiosa. Y con los ojos me interrogaba: ¿Es verdad…voy a morir? No tenía respuesta. Solo puede darle una esperanza: mañana nos vamos para tu casa, a tu cuarto. Era su esperanza, y era mi triste realidad: ¡No había nada que hacer! Terminar los antibióticos y esperar el milagro. Yo me prepare psicológicamente para varios meses. No aceptaba la realidad de pocos días. Ya en su cuarto trate que percibiera que estaba mejor. Ella sabía la verdad y continuaba con una lucha continua con un profundo apego a la vida.


Ya no podía más. Deje de tener un papel protagónico frente a su enfermedad. Una enfermera- Miguelina- especialista en cuidados  intensivos se encargo del proceso. Yo solo servía para comprar lo necesario.


Nunca regrese a mi hogar. Dormía en su cama y ella en la cama clínica. Un  profundo proceso de agonía y dolor  ¿A qué puede aspirar, bajo esas circunstancias, una persona próxima a la muerte? Miguelina fue guiando el proceso luchando contra la fiebre, minimizando el dolor. Haciéndonos entender la realidad, sin actos médicos fútiles ni el encarnizamiento terapéutico. Luchar contra la escara con los cojines de alpiste y el colchón antiescara, el oxigeno permanente, los antibióticos, los remedios contra la fiebre y sus consecuencia. Una cama clínica. Dale la comida con amor.


La ética normativa ha venido debatiendo entre dos principios: el de la inviolabilidad de la vida humana y el de calidad de vida, presentándolos en muchas ocasiones como criterios excluyentes. En realidad no lo son, puesto que recurriendo a los cuidados paliativos se pueden atender estas dos premisas.

Miguel de Unamuno definió al enfermo como un ser humano, de carne y hueso, que sufre, ama, piensa y sueña. A mi memoria viene la noche en que la sentí soñando con una pelea con sus hermanos por una “locha”- Días antes había recordado cuando salía  en su niñez con sus hermanos Armando y Luisa Amelia a “asustar viejaspor las calles de Caracas. Esa tarde reímos las dos de las travesuras de la época.


También fueron los días donde su nieta predilecta- y yo comenzábamos aceptar la realidad. No queríamos verla sufrir tanto. Pasaron unos tres días. Luchando por vivir con una profunda ansiedad y miedo para ese plano a donde iba ir. Ella tenia mucho miedo, se le veía en los ojos. Y solo la voz de la dulce de su nieta y sus palabras la confortaban. Mi madre siempre fue inteligente y  muy pragmática ante la vida. Había comprendido que no se podía curar, y que mis palabras eran mentiras.


En mi mirada se reflejaba la aflicción ante el enfrentamiento con la imposibilidad terapéutica de lo incurable, la inexorabilidad de la muerte o las complicaciones mayores de procedimientos que pudieran comprometer la vida. Sufría en esos días de una  profunda angustia porque no puede aceptar la idea de poder no curarla esta vez, porque no quería ser testigo del fin o porque la muerte de un semejante lo hace consciente de la posibilidad de la propia. La compasión por ella, me relacionaba con vivencias personalísimas, acotaba las decisiones profesionales y puede impulsar tratamientos que no tendrían ningún resultado. Los médicos me habían reenviado al hogar con la sola propuesta de mantener el tratamiento de antibióticos por ocho días mas, el oxigeno y la mitigación del dolor. Pero, en el fondo, esperaba el milagro, de ese Dios en quien confiaba en esos días.

La gravedad alcanzo unos veintitrés días. Los primeros seis días fue la lucha por conseguir el dinero para ir a una clínica. Ahora la paradoja era que el dinero no hacia posible en ansiado milagro de unos años mas,  unos pocos meses de vida. Todos los médicos fueron muy sinceros conmigo. Estaba sola en las decisiones, Todo lo hacia mas duro. No estaba preparada para esta despedida, un adiós definitivo.


El drama estaba escrito. Así como no se debe apurar la muerte, tampoco se debería retrasar lo inevitable. Prolongar la agonía o impedir una muerte digna. Este actuar no implica promover la muerte. Permitir que el proceso natural de la enfermedad proceda sin interferencia humana. Tenia que reconocer que había recibido una atención medica adecuada. Y quizás lo más importante de la hospitalización fue jugar la última carta. Evitar la septicemia.


Solo alcanzamos a la posibilidad de humanizar los procedimientos médicos. Su  cuerpo  no respondía al tratamiento terapéutico alguno, el médico y la enfermera hicieron todos cuidados paliativos. Ellos aún tenían mucho por hacer por ella. Ésta es mucho más que un conjunto de órganos que no funciona correctamente. Había que preservarlo de dolor, estar atento a sus estados emocionales, controlar sus síntomas y prepararlo para transitar el proceso de muerte. Cuidamos por ella hasta final. No se le abandono. Se le brindo a su cuerpo lo que necesitaba sin avasallarlo ni prolongar su agonía.


Esa madrugada del día veintitrés desperté como siempre en esos días en su cama. La experimentada Miguelena me dijo: ha tenido fiebre toda la noche, ya no se logra controlar, su cuerpo no respondió al tratamiento, hoy le daremos el último antibiótico. No va a comprar mas nada. Sentí el pánico y la angustia ante la inefable realidad: hoy es el día. Su nieta predilecta llego muy temprano, y comenzó su tratamiento de comunicación con ella. Lamentablemente, yo  no aceptaba a decir nada, y no lograba comunicarme con ella. La tristeza no me lo permitía. Emocionalmente estaba paralizada.


Aquí puede leer la primera parte

Percibir el hecho de la muerte 1era parte

 

Luisa Helena Calcaño Gil
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