Poema: El abismo de la desdicha

A lo lejos canta el solitario gallo de la urbe, tan solitario como mi alma,
para dar sonrisas a la muerte en un claustro de soledad. El dulce viento del alba y sonar la trompeta con un sonoro: buenos días


Una sonrisa de Gioconda en el cuerpo de Afrodita. Desarmar esas armaduras del afecto Abandonar la tiranía del silencio, reclamar aquella noche rota. Dejarse ir en el abismo de la desdicha incrustando los clavos del tormento.


Ahí, habitando un mismo espacio; los muros de silencio,  contrafuegos de sufrimiento Tenemos tanto y tampoco tenemos. No pido nada, sino todo, por tí, por mí, por mi dolor, por tu padecimiento: desamar esa armadura de nuestro afecto


Suena el silencio de mis lejanías, y despido el dolor revestido esa noche donde se sintió el silencio de mi lejanía. Vivir postrada en una rama de puro de desencanto

Las tinieblas parecen apagar el aire libre

 

Después de cabalgar por la oscuridad, sedienta y hambrienta. Un pasado vivo y ardiente, como un fantasma sobre la puerta: un anhelo por transitar por la luz


Un terrible mundo entre duelos y espantos. Un saludo luminoso, de buenos días del compañero de vida, del compañero de soledad. Misteriosa y cabalística, un noche alegre que no volverá .Condenar a  perpetua tumba al entusiasmo


Desfloración amarga de mi vida

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Autor entrada: sumandoven.admin