Poema: Para alcanzar el asombro

                                                                   Fueron unos días sin luz, ni insomnio,      

                                                                   atrapados en el  conjuro de la Llorona

 

Una codiciada luz para no temer a los espejos, afrontar una mañana atroz y verdadera y salir del tiempo acumulado en esos días. Un candil para llegar a los sueños blancos y comprar arbitrarios ritos y ceremonias para una trama secular de aventuras alumbrando las rutinas del ocio.


Una llama para ver la historia que se movió en la sombra, y  salir tu y yo, del tiempo y su laberinto. Un relámpago para cerrar el conjuro de  La Llorona, y no habitar en la cripta secreta de un dolor sin palabras. Un reflejo para cubrir las costras abruptas de tu silencio y cerrar las grietas hendidas por la angustia en  tu rostro.


Una luz para la dulce pena de vivir y escuchar las palabras de un remoto olvido. Un resplandor para  recorrer nuevos espacios, abrir una trocha para desahogo  y rescatar los dones del destierro. Un fuego que convoca a perseguir el Imataca,  vagar por la fantasía de esa vida que si es mi vida, regresar a la montaña, y abandonar los invisibles de habituales.


Un resplandor donde el espacio y el tiempo sean instrumentos mágicos del alma, extinguiendo  el simulacro de los espejos. Una luz para olvidar los destinos, y ver la rosa de las rosas, el rojo clavel y escuchar el pájaro dormido.


Una luz para detener el tiempo en los espejos y aturdir las angustiadas palabras, salir de las puertas del Hades y percibir el aire sin polvo ni piedra. Un faro  para ver los árboles al borde del camino y descubrir que llueve con furia en el resto de la selva.


Una luz con sabor a agua para olvidar el verde aliento que destiñe la sombra. Un resplandor para un insomnio que reconcilie con el mundo, tan especial, que permita ver en la oscuridad el sueño y observar a través de una ventana con rejas  la memoria del ciego.


La luz del  Dios de los Místicos, la cual acaricia al que duerme, permite percibir los sueños de la medianoche y recibir el ensueño del amanecer. Una luz para mis congojas y flaqueza, donde eres espejo y replica.


Una luz  para alcanzar el asombro
porque
he sido y soy

 


Luisa Helena Calcaño Gil
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