Encuentros inesperados de un aprendiz de poeta (1era parte)

I

La vida de la ciudad es una cadena de rutinas, donde se mezclan cada día las actividades cotidianas, las metas del día y los sucesos que van ocurriendo a lo largo de la ruta, los cuales nos conduce a la extinción de la jornada. En aquellos días la cotidianidad se vio interrumpida por un suceso inesperado, el cual condujo a modificar nuestra aproximación al mundo. Días en los cuales iniciaba mi camino en las rutinas de un aprendiz de poeta.

Tal como producen las relaciones en una ciudad, se fueron sucediendo los hechos y con ellos, unas relaciones fragmentarias, incompletas, en situaciones muy lejanas a la cotidianidad familiar.

Sin haberlo previsto había conocido a Armando Rojas Guardia, y en un proceso sucesivo a había hablado y tratado en diferentes oportunidades con Rafael Cadenas, había compartido un taller con Edras Parra, había estado en la casa de Elizabeth Shön, tenía un trato frecuente  con Rafael Arriaz Lucca, era amiga de Edda Armas, Carmen Cristina Wolf, Ana María Del Re, Joaquín Marta Sosa, Alberto Márquez, Rafael Castillo Zapata, Ana Maria Hurtado, Rubén Ackerman y otros poetas venezolanos.

Y a todas estas situaciones se había unido el del estudio de sus obras en los talleres de literatura de Armando Rojas Guardia. Tenía una pasión casi enfermiza con la vida de José Antonio Ramos Sucre, y las obras completas de Jorge Luis Borges, las cuales habían sustituido a la Biblia en la mesa de noche.

Todo esto había enriquecido mi vida como ser citadino. La ciudad había ofrecido un marcador distinto a mi identidad, una de nueva e inesperada carta natal.

Un nuevo equipaje de acentos, palabras, sabores e imágenes, un historial, a los cuales se aferraba la memoria y el inconsciente.

II

Esa tarde iba de copiloto con una amiga escritora por una de las calles de la urbanización de Los Palos Grandes. En sentido contrario iba caminando un hombre de unos sesenta años, con un traje formal, sin corbata. Toda su atención se enfocaba a sortear las dificultades y hostilidades de las aceras, por momentos era abstraído por el paisaje, poco atento al ruido, el desasosiego del transito y las rutinas de sus vecinos.

Casi sin darme cuenta mi amiga, frenó y acerco el automóvil a la acera, asomó con inusitada emoción la cabeza por la ventana, y dijo en voz relativamente alta: -¿Poeta, para dónde va? ¿Lo llevo a donde usted quiera? La respuesta fue afable, pero tajante: -Cómo esta usted, le  agradezco su ofrecimiento. Esta es mi costumbre en las tardes, me esperan a poca cuadras para una entrevista. En un tono muy cálido, le dijo: -Muchas gracias y lo repitió, -muchas gracias. Recordé haberlo visto con frecuencia por estas calles. Deduje: vive cerca. Nunca  lo había reconocido. Era una baraja que faltaba en mi carta natal: Eugenio Montejo.

La emoción con que mi amiga al pronunciar la palabra poeta, rememoró el anécdota de Armando Rojas Guardia al recordar cuando iba de la mano de su padre Pablo Rojas Guardia en la Caracas de los años cincuenta, y sus amigos lo saludaban diciéndole en tono reverencial:-¡Poeta como esta usted.!

Así  llegó Eugenio Montejo a mi vida. A partir de esa tarde quedé atrapada por una necesidad, casi malsana, de ver la relación entre su vida y su obra. Caraqueño por nacimiento, valenciano por adopción. Un día descubrí algo que me dio gran curiosidad. Montejo no era su apellido. Su nombre real era Eugenio Hernández Álvarez.

Toda su obra literaria está firmada con el apellido Montejo. Pude establecer que durante una buena parte  de su vida había trabajado en cargos burocráticos en el sector cultura. Había vivido en París en varias oportunidades, en Londres, Buenos Aires  y por siete años en Lisboa, representando con un cargo diplomático a Venezuela en Portugal. Un hombre con una gran cultura urbana, muy formal en su trato. Esto me atraía. La experiencia de trabajo le daba lógica a su apego al traje formal, al liberarse de estos cargos. Solo de atrevió a eliminar el uso de la corbata.

Al estudiar su obra pude descubrir que toda su vida, desde su advenimiento al mundo estaba signada por huellas de perennidad. Su existencia estética estuvo influenciada por la figura del padre: un panadero de la ciudad de Caracas de los años cuarenta del siglo XX;  el cual supo auspiciar desde la más tierna infancia una sensibilidad permeable y susceptible a los influjos del arte de amasar el universo y sus infinitas imágenes por la capacidad sensitiva del verbo creador. Nunca había dejado de ser el hijo del panadero del cual aprendió la importancia del trabajo artesanal en el trabajo poético.

En esos días Joaquín Marta Sosa, me facilitó copias de un poema escrito a mano por Eugenio Montejo, corregido unas diez y siete veces. Su visión del trabajo poético estaba resumido en su ensayo El taller blanco. Un amante de las formas, la destreza en el uso del lenguaje y el don de sacralizar las cosas.

Aprendí a verlo no como un personaje lejano, sino como un hombre de su tiempo, con el cual compartía su gusto por el caminar por la ciudad. Siempre con su traje formal sin corbata. Así lo conocí y así lo recordaré siempre. Un ciudadano contemporáneo.

Hablando con un amigo común pude saber de su gusto y disfrute al compartir en las conversaciones o entrevistas con un whisky, el cual se convertía en esas ocasiones en pastor del pensamiento durante varias horas. Sus amigos y compañeros de ruta hablan del disfrute de su verbo, siempre narrando sus contentos y desencuentros en las diferentes ciudades donde vivió. Pude saber su amor infinito hacia el jazz y su preocupación por la enfermedad del insomnio.

En sus días en París realizó un viaje a Ginebra para investigar en torno a la vida y muerte de José Antonio Ramos Sucre en esa ciudad. No obtuvo ningún dato relevante. Leyendo pude alcanzar a ver que la noche es un leit motiv de su obra poética. Un buen noctámbulo. Siempre llevaba una libretita donde a sus amigos les leía algo bello para compartir. Descubrí que le gustaba compartir su forma de ver el mundo. 

Continua leyendo la próxima semana .....

 

 


Luisa Helena Calcaño Gil
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Autor entrada: sumandoven.admin