Encuentros inesperados de un aprendiz de poeta (2da parte)

III

Al acercarme a su poesía pude darme cuenta que nos enfrentamos a un paisaje cósmico donde el poeta busca sustancialmente el equilibrio y la armonía. Un mundo conocido e interpretado por él, el cual nos presenta sensaciones, objetos, cosas con un lenguaje sencillo, cotidiano, enmarcado dentro de la naturaleza del mundo citadino percibido por él, pero estrechamente vinculado a la remembranza reiterada a lo largo de su obra de vida rural, especialmente en Güigüe.

Imágenes y símbolos de una infancia donde predomina la blancura de la harina, la cual se transforma a lo largo de su obra en la constante blancura de la nieve. Para él escribir poesía es asumir la labor de un orfebre, el cual busca la palabra precisa; cada verso está asociado a una límpida arquitectura de exactas prosodias. Y la meta de estructuras rítmicas y verbales donde atrapa hombres, pájaros, árboles y ciudades. Todos apresados en el tejido de una araña.

En el mundo descrito en sus poemas están juntos los vivos, los muertos, las personas por nacer, o el poeta mismo antes de ser engendrado. El poeta esta dotado con su palabra para  la interpretación de ese alfabeto cósmico, y nos invita continuamente a disfrutar de ese mundo, sin conflictos, sin dolor, sin traumas, aún cuando se hable de la sensación de pérdida de un ser querido, de la muerte. Un mundo donde el pasado es un presente oculto, y la ciudad es el ámbito donde se sucede la vida del poeta y sus cantos.  Una ciudad con árboles, con gallos que cantan al amanecer y donde se disfruta el aroma del café. Una sombría celebración de los placeres de la familia, los objetos cotidianos, el recuerdo, los viajes, la presencia diaria de la muerte; es decir del mundo que se abre y se cierra según medida y nos arrastra, nos cautiva.

Estar aquí por años en la tierra, /con las nubes que lleguen, con los pájaros/ suspensos de horas frágiles/A bordo casi a la deriva,/más cerca de Saturno, más lejanos,/mientras el sol da vuelta y nos arrastra/y la sangre recorre su profundo universo/más sagrado que todos los astros. (Terredad, 1978)

Una buena parte de su trabajo poético nos invita al ritual de la contemplación de la naturaleza,  pero donde seres como los árboles se nos presentan como seres con palpitaciones, donde la música de los pájaros y los gallos nos despiertan y las piedras rezan por la paz de los tiempos. En su poesía los seres inanimados toman vida, se convierten en símbolos a los largo de todos sus libros.

El imaginario de Montejo está llenó de reminiscencias, de transfiguraciones, de analogías, donde hay un eco melancólico del pasado, el hogar, los que se quedaron en el camino. En algunos de sus poemas están impregnados de añoranzas por un pasado, por esa casa, ese espacio vacío, el lugar de los ancestros, los cuales lo cobija y protege en su presente.

En su trabajo poético de Montejo hay una abolición del tiempo lineal, espacio y tiempo, y la vida y la muerte, dos caras de un mismo espejismo.

Uno de los aspectos que mas me llamó la atención es la presencia de varios heterónimos liderados por el enigmático Blas Coll, figura extravagante el cual pretende una reforma de la lengua castellana y a cuyo cobijo se reúnen un grupo de discípulos, entre ellos Sergio Sandoval, quien ha publicado Guitarra del horizonte, conjunto de coplas con comentarios del autor; 
Tomás Linden, poeta sueco autor de un conjunto de sonetos llamado “El hacha de seda”; Eduardo Polo, quien ha escrito un poemario para niños inédito titulado “Chamario” y así otros, que aun no salen todavía a la luz. Pude recordar que su apellido es un seudónimo de Eugenio Hernández Álvarez.

También pude darme cuenta que su poesía es poco sensual hasta la aparición del poemario Papiros amorosos, obra donde plantea que la grandeza del amor ocupa todo el mundo, y es el espejo donde se retrata el ser amado, presente o lejano, pero siempre objeto y fin del sentimiento.

En Papiros amorosos la emotividad se constituye en eje, signo y escenario del entendimiento, de la lucidez, la serenidad que llega cuando se conoce profundamente a aquel que amamos, cuando el amor se torna forma, color, cuerpo y tierra. Leyendo estos poemas pude descubrir que su poesía erótica sigue la música que nace del deseo.

Al cerrar los ojos la noche que realice este resumen de su obra puede comprender que terredad es el sencillo milagro de estar en la tierra, pude escuchar el gallo que canta en la ciudad  y alcance a recordar el final del poema: Aquí:

Ningún amor, ni el huidizo, el más fugaz, /nace de un cuerpo que está sólo, / ninguno cabe en el tamaño de su muerte.

IV

Una tarde se sucedió otro insospechado encuentro en la librería El Buscón. No recuerdo el motivo con precisión, creo recordar que era la presentación de unos escritores de Costa Rica amigos de una amiga común. Había tomado costumbre de estar armada la cámara de fotografía digital para fijar esas imágenes de ese mundo tan reciente en mis rutinas de aprendiz. Al llegar Eugenio Montejo, la atención de todos se centró en su presencia. Todos mis amigos deseaban tener una imagen a su lado, y él asentía con calidez y comprensión en su papel de primer actor de la escena.

Todos los saludaban con afecto y un cierto grado de complicidad. Nunca llegue a tener una imagen con él. Alcance a tomas unas veinte imágenes en un periodo de una hora; confieso que disfrutaba este suceso imprevisible. Al tomar cada foto y repetirla para ver como había quedado podía fijar muy de cerca esas gruesas cejas, sus grandes anteojos y un bigote ligeramente atrapado por unas líneas blancas. Pocas veces sonreía, pero su mirada reflejaba una templada atención.

Al final parecíamos viejos amigos cada uno en su rol. En ese instante le comenté que deseaba hacerle una entrevista. Nunca supo que era un simple aprendiz de poeta. A los tres días se concretó la cita en una conocida cafetería de su barrio.

 


Luisa Helena Calcaño Gil
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Autor entrada: sumandoven.admin